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NATURALMENTE INFIELES

PICANTE!

A diario la posibilidad de que parejas estables e inestables se separen a causa de la infidelidad, crece a la par de cómo crece en Colombia el desempleo, ¿se imaginan ustedes?.
Desde que comencé a andarme por los caminos del amor, he pensado que la infidelidad es cuestión de naturaleza. Somos naturalmente fiel o
 naturalmente infiel, a mi parecer, me quedo con esta última. Y realmente nada tiene que ver con si está enamorado o en el peor de los casos, con si estas ´encoñado´. Nuestra única realidad habla y confirma, que las personas naturalmente infieles siempre volverán a sus andanzas así tenga a su lado a la mujer o al hombre de sus sueños o a la mujer u hombre más sensual, sexi y mejor amante del planeta.  Es que el solo hecho de pensar, en que puedes estrenar otro cuerpo, sencillamente se te abre la mente a pensar en poder caer en el pecado carnal.  Una experiencia, sea con un cuerpo joven o viejo y mas o menos bello, siempre le cae bien a todo ser humano.
Entonces, partiendo de lo que a diario vivimos, es una verdad que no se puede maquillar y algo que llena de orgullo a aquellos seres naturalmente infieles.
Son muchas las ganas y esa adrenalina que se dispara al tener la posibilidad de una aventura y que no cesara ni teniendo al frente al amor verdadero. Mientras los ´fieles´ se verán visto en ´tremendo lío´ al caer en la tentación, pues supuestamente iría contra su moral, ¿que tal?.  Me refiero a aquellos que son más fieles que un perro viejo.
Sin embargo un desliz –que nos ha pasado a todos- no es propiamente una traición, es más bien una trasgresión de los límites de cada ser humano o mejor dicho, nadar contra la corriente. Eso concluyo, después de tener colegas mujeriegos y mujeres de notables andanzas e incorregibles, aclarando que la infidelidad no es solo de machos.  Es muy mínimo el porcentaje de hombres ´inocentes´, como también, por desgracia de nosotros, el agobiante número de mujeres ´calzón flojo´ y que para ´poner cachos´ búsquenlas. Por lo general el traicionado es el ÚLTIMO en notarlo –conozco muchos amigos cornudos-.
Por otro lado, dicen que las mujeres no piensan solo en sexo –soy testigo de muchas así- , sin embargo reconocen que tienen fantasías con hombres: como el vecino que llega del gimnasio o con el novio de una de sus amigas. No es extraño entonces, que del dicho al hecho haya mucho trecho, así nos pasa a nosotros. La infidelidad femenina reina, cada día somos mas cornudos, esto lo demuestra encuestas que se han realizado en países europeos. Un 50 % de mujeres contra un 44 % de hombres son los aterrantes cifras y el otro 6% nunca ha sido infiel.  Aunque esto se nota mas en mujeres con novios o maridos.
Las mujeres se salieron del closet, ahora tienen una mirada del mundo diferente. Asumieron el rol de agresividad pecadora en la relación de pareja. Esto se debe a los grandes derechos de las mujer, propios del siglo 21. Ahora en el terreno sexual y amoroso son iguales a los hombres –aunque seguimos siendo los reyes- . Esto hace referencia a que la mujer es libre en disfrutar del sexo y de muchas otras cosas en especiales.
Esto es realmente lo que ha traumatizado las diferencias de género.  Sin embargo somos humanamente parecidos. Poseemos un gen, que según la ciencia, nos hace ser propensos a tener aventuras. Y esto parte de un gran problema, que es la insatisfacción en mucho de los casos de infidelidad, o en el mejor de los casos, las ganas de sentir cosas nuevas. O acaso, ¿a una mujer al pillarse a su novio o marido con otra mujer no le entra la ´rasquiñita´ de querer pagarle con la misma vara que mide?.
Todos tenemos un instinto ancestral, que es el de cazador. Eso es mentira de que las mujeres son infieles por venganza. Ella son muy provocadoras. Toda mujer habla de las demás mujeres en como se les insinúan a los hombres, de lo lobas que son. De cómo son unas ´bajas´ maridos. Mientras los hombres se ríen y se divierten, ante tal locura, que los ratifica como los reyes.
En contraste, nosotros nos diferenciamos porque alardeamos mucho lo que hacemos. Es normal que en una conversación de hombres digamos que nos estamos arrumando a alguien o que estamos saliendo con alguien o que tal mujer tiene unas nalgas caídas… caídas del cielo. Mientras las mujeres ni a su sombra le cuentan lo fulana que pueden llegar a ser o son. Es más, ni a su mejor amiga porque se sentiría en competencia.
Desde esa maravillosa realidad pecadora, una mujer infiel lleva su gen acuestas como una maldición, igual que los hombres. Hombres y mujeres, se sienten traicionados si traicionan y fortuitamente libre, a su vez.  Aunque en el caso de las mujeres, al hombre que se le entregó y no la ´merece´, lo castiga.
En consecuencia, una mujer es mas traicionera, pues son inconformes, si el hombre no la hace tener un orgasmo, si no hay sincronía en la cama o si lo ´pillan´ en labios de otra. Pero para el hombre, estas razones apenas hacen parte de lo que pueden hacer con otras mujeres, -aveces nos hacemos ver como los poco machos para no dejarles en la cama, las esperanzas a una mujer las ganas de volver a tener sexo, porque nuestras ganas y fuerzas están puestas en otro lado-.
En conclusión, la infidelidad es propia de una mujer como de un hombre. Sin embargo no es bueno, venga de quien venga.  Aunque antes, las mujeres solo eran quienes perdonaban al menos un desliz, pero hoy no es así. Somos tan ´huevones´, que el solo hecho de saber que no vamos a tener aquella parte de la mujer- que es presa de nuestro encanto- cuando queramos, nos hace perdonar. Para muchos hombres era inadmisible imaginar a su pareja en brazos de otros, ya no es así, prefieren ser ´cachones contentos´, pues el ´encoñe los mata´ –aunque yo prefiero comerme el bizcocho solo, en el caso de la pareja, pues si se trata de una mujer de vida alegre cada experiencia es única-.
Lo cierto es que hoy en día, la libertad prima en las nuevas generaciones y en su vida de pareja. En la sociedad existe una nueva escala de valores que a conveniencia de la mujer y del hombre son netamente las causantes del ser tolerante ante un caso de infidelidad.
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